Te voy a contar un cuento pero desde ya te explico que toda coincidencia con MI VIDA REAL es un cambalache del azar.

Había una vez una miguita de pan que vivía muy triste y muy sola. Se aburría mucho en su casa porque no tenía a nadie más con quien hablar. Un drama épico de categoría tsunami emocional.

Cada noche antes de dormir, le pedía al universo conseguir más amiguitas como ella para no estar tan sola. Cada noche lo pedía pero nunca pasaba nada. A la mañana siguiente se despertaba en su casa, tan limpia, tan impoluta y tan, tan sola.



Una noche lluviosa, justo antes de dormir, pidió con más fuerzas que nunca escapar de aquella casa aséptica que cada vez la hacía sentir más extraña. Se quedó dormida rogando que llegara un vendaval y la llevara a otra ciudad, a otro país o a otro planeta en el que conseguir al fin más amiguitas como ella. Miguitas de pan, de galletas, trocitos de arroz… lo que fuera con tal de no estar tan tristemente sola.



La miguita de pan cada noche dormía justo detrás de la puerta de la entrada al balcón por si acaso un viento bravío quisiera cumplir su sueño de no morir solita. Ella todavía no lo sabía pero aquella noche sería distinta porque después de la lluvia llegó un viento huracanado. 

El viento entró en la casa, con todas su fuerzas se coló por debajo de la puerta. La miguita de pan se despertó y se vio rodeada de más migas, de hojas secas, de tierra, de insectos muertos… ese viento peleón traía de todo pero, lo más increíble, es que de la misma manera que pasó por debajo de la puerta del balcón para entrar basura en aquella casa limpia, la sacó a ella de aquella urna de cristal.

De pronto, la miguita de pan se vio volando por los aires. El viento hacía lo que quería con ella: para arriba, para abajo, golpe aquí, golpe allá. Temió incluso con su vida pero lejos de amedrentarse dejó fluir. Cerró los ojos con más fuerzas y se dejó llevar. Y se la llevó.

Las demás miguitas daban imperpectibles saltos de alegría y comenzaban a cantar una especie de salmo pagano que la dejó alucinada



A la mañana siguiente la miguita de pan despertó. Al abrir los ojos se dio cuenta de que ya no había más viento y la larga noche había dado paso a un día espléndido. Tenía que ser mediodía porque el sol estaba alto y su luz lo inundaba todo. La miguita de pan se levantó, y miró a su alrededor.


No podía creer lo que veía. Estaba en el interior de una casa, pero no era una casa cualquiera: era el paraíso de las miguitas de pan como ella. Había por todos lados migas de galletas y miguitas de pan, de bizcocho... Muchísimas miguitas por todos lados: en el sofá, el el suelo del salón, en la cocina Era increíble que hubiera un lugar tan maravilloso.

cuento para madres y padres


Comenzó ha hablar con las demás miguitas y éstas le dijeron que había tenido suerte porque había llegado a la mejor casa del mundo mundial. Una casa en la que había no una, sino dos fábricas de miguitas. Unas fábricas que no paraban de generar más y más migas.

“Nena, has llegado al fin al paraíso” se dijo. “Al fin el universo ha escuchado tus plegarias”. 

Mientras charlaba con sus nuevas y felices amigas escuchó unos golpes secos en el suelo.  Miró a su alrededor y vio como las demás miguitas daban imperpectibles saltos de alegría y comenzaban a cantar una especie de salmo pagano que la dejó alucinada.

Dos seres que venían alegremente caminando ycomiendo galletas. Dos seres generosos que en vez de comerlas lo que hacían era triturarlas y esparcir los millones de minúsculas migas y ziscos por la habitación



La miguita de pan se adelantó como pudo a las demás y llegó a la primera fila. Quería averiguar de qué lugar venía ese ruido. Sus ojos quedaron petrificados al ver a los dos seres mágicos más maravillosos del planeta. Dos seres que venían alegremente caminando ycomiendo galletas. Dos seres generosos que en vez de comerlas lo que hacían era triturarlas y esparcir los millones de minúsculas migas y ziscos por la habitación. El ser supremo de menor tamaño quiso sentarse en el sofá y la miguita de pan observó atónita como después de despachurrar la galleta y llenar el sillón de migas se sentó sobre ellas, fracturando todavía más las minúsculas miguitas. Ese ser superior que era de sexo femenino y aproximadamente rondaba los dos años, era capaz de convertir en menos de un minuto una galleta grande en un millón de partículas pequeñas.

La miguita de pan, agradecida, miró al cielo con lágrimas en los ojos y se congratuló de haber llegado al supremo paraiso. Lagrimas de alegría corrían por sus mejillas por la buena suerte que había tenido. A partir de aquel día vivió feliz. Feliz como una perdiz.

Fin

Esta es una bonita y pseudoesquizofrénica metáfora para explicar que tengo en mi casa a dos niños pequeños a los que parece que les pagan doblones de oro por llenar ni casa de migas y más migas.



¡Hartita me tienen!

¿Quieres conocer a esos seres increiblemente espectaculares generadores de miguitas por doquier?

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hermanos
 
 
 



9 comentarios

  1. Menudo propaso manitas, manotas, manazas!!! Muchas gracias de verdad. Yo antes tenía una perrita. una maravilla de perrita que cuando el niño comía venía ella después contentísima porque sabía que le esperaba un festín. La pena de mi corazón es que la niña no llegó a conocerla… hay varias entradas en el blog sobre ella y cada día la extraño. Disfruta de tu perro-aspiradora a tope, y me lo prestas algún día jajajajajja.

    Besotes

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