La Pequebella nació el 31 de diciembre de 2012.

No tenía ni una semanita y la sobrimadre ya me había dado esto.

Tan bonitos, tan delicados, tan pequeñines… tan puntiagudos.

Son preciosos pero todavía siguen en la caja. Soy incapaz de llevarla a ponerle los pendientes. Me da pena. Sí, me da pena tener que hacerle daño para ¿presumir?

Es que no sé realmente para qué se los tendría que poner. ¿Para que sepan que es una niña? ¿Para verla más guapa? ¿Para que le molesten por la noche? ¿Para que se le enganchen en algo? No lo sé.  No me termina de convencer (un año y medio después)

Me  da una pena horrible que los pierda porque se los regaló su tía pero… el otro día me quedé más tranquila.  Me  puse yo los pendientes y a pesar de ser diminutos me quedan perfectos. Esto significa que tiene años por delante para elegir cuando ponérselos. Si lo elige, claro.

Yo lo elegí. Lo decidí más o menos con siete años. Me acuerdo perfectamente en qué lugar me los hice, cómo me los hice, que ropa llevaba puesta, quién me acompañó. Me acuerdo de todo. Estaba ilusionada y es un día de mi infancia que recuerdo perfectamente.

La sobrimadre me presiona y me dice entre bromas que va a llevarse un día a la pequebella y cuando vuelva a casa tendrá las orejas perfonadas (me da grima sólo pensarlo).

La Lola dice que no, que ¡pa´qué!

Y ahí siguen ellos tan bonitos, en su caja.

2 comentarios

  1. Qué curioso. Mi madre tampoco me hizo a mí los agujerillos para los pendientes. ¡¡Y yo me los hice s los 18!!!
    Además estoy contigo,si tengo algún día una niña, no se los haré. Me parece una salvajada hacerlas sufrir tan pequeñas,sólo por estética.
    Besos

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