El Principito se ha vuelto muy, muy fan de las acampañas.

No hablamos de las campañas “acampañas electorales” que ya están poniendo bonitas, bonitas nuestros pueblos, ciudades, aldeas y comarcas.

Hablamos de las “acampañas de monte/playa”.

Hoy el primo favorito se ha ido de acampada tres días y mi hijo anda entusiasmadísisimo de la muerte porque él también quiere irse de acampaña. Sí, ha hecho su propio palabro y ha unido caseta de campaña + acampar = acamapañar. Nosotros no hacemos camping, nosotros acampañamos.

Bueno realmente nosotros no hacemos ni lo uno ni lo otro. Hace ya mil años, cuando todavía esta familia de cuatro era una familia de dos, el pare me dijo:

– Venga teta, vámonos de acamapada
– Whats?? Dije yo con cara de “creo que me equivocado con este hombre”

Nunca. Jamás fuimos de acampada. Me gusta una acampada tanto como el bistec de hígado.

Pero claro una cosa es que te lo diga el pare y otra bien distinta es que el hijo de tus entrañas  feliz, emocionado y con ojitos de langosta mirando un caldero de agua hirviendo te diga: “Mami por favor nos podemos ir de acampaña por favor, por favor, por favor”

Esta mañana le dije al pare que este sábado teníamos que comprar una caseta de campaña. Aquel que una vez me quiso llevar al monte es el que pone freno ahora a esta campingista o como se llame aquel que hace camping.

Este verano nos vamos de acamapaña. Eso seguro. La euforia del principito me ha invadido ando desatada y ahora quiero acampañar.

Prometo post de la proeza. Los cuatro en el monte (me niego a una acampaña en la playa) , un camping gas y tres linternas…

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