La Pequebella anda toda obsesionada. De no querer ponerse los zapatos a tener que ducharse en cholitas de la playa.

Su tía tiene un armario lleno sólo de zapatos.
¿ Me espera ese futuro?

En esta familia somos de extremos y la pequeña de la casa no es una excepción.

Y eso que yo soy de estar descalza en casa. Y me gusta que los niños estén descalzos y además creo que es muy bueno para ellos.

Pues no. Ella quiere ponerse zapatos en casa, en la calle, en la ducha, en la siesta. En todos los lados del mundo mundial.

Va como un alma en pena por la casa con sus zapatitos en la mamo

-Mami papooooooos, papoooooos, paaaapos maaaaamiiiii.- Dice con una voz lastimera que marchita hasta a las plantas.

Al final se los pongo y acaba con unos puestos y otro par en la mano. Por si acaso.

Así todo el día, todos los días, a todas horas.

Lo peor es cuando nada más despertarse por la mañana me mira con sus ojos gigantes y lo primero que me dice es:

mami te quiero mogollón
Paaaaa- Pooooo

Ahí se se me hace una grieta pequeñita en el corazón.

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