Ayer fue el primer día de la escuela del principito.
Ayer fue el primer día de escuela para la mamá.

La noche anterior el principito estaba muy emocionado por su cole grande y nuevo y yo como un pollo sin cabeza dando tumbos por la casa. Estaba nerviosa y si me preguntaban el porqué no sabía decir realmente cuál era la causa. ¿El cole nuevo? ¿el nuevo horario? ¿La nueva rutina? ¿la nueva maestra? ¿la vuelta de las vacaciones?… No dormí.

La mañana D llegó. Nos levantamos con tiempo pero a medida que pasaban los minutos el tiempo extra se iba convirtiendo en un clamoroso llegamos tarde.

No llegamos tarde (por los pelos). 

Nos situamos tal y como nos habían dicho en el patio central. Los pequeñines tenían que hacer fila y ahí fue cuando las risas y la emoción pasó a una cara más asustadiza y un yo no quiero mami.

¡Hay señor! No flaquees hijo que si tu flaqueas tu madre va detrás en picado. Pensé yo mientras le sonreía y le decía lo genial que era todo, acallando a mi mente que me gritaba que cogiera a mi bebé recién nacido y huyera a casa, me acurrucara con él en la cama y no saliera de allí hasta dentro de veinte años.

La maestra nos dijo que entráramos la pequebella y yo con él a la clase para que el cogiera confianza, y cuando él se despistara y estuviera más a gusto y relajado, nos fueramos de forma disimulada.

Así lo hicimos. Después de una media hora cantando y jugando en su clase la pequebella y yo nos fuimos (eso sí, la pequebella quería quedarse ya que estaba encantada entre tanto cántico y jugueteo infantil). Lo recogimos una hora después. Mas contento y fresco que una lechuga. Gran suspiro de alivio de mamá. Parece ser que su nuevo cole le encanta. Otro gran suspiro.

Su cole es un cole bastante pequeñito y público. Tenemos la suerte de que en su clase sólo hay ocho alumnos. Una clase muy alegre y grande llena de juguetes, cuentos, títeres… de todo menos libros de fichas. El principito no tendrá que hacer las odiosas fichas ya que en su súper colegio los niños pequeños no tienen que seguir ese planning tan estructurado.

La escuela nos queda a unos 25 minutos de casa pero los hacemos con gusto. Está en la montaña y la mayoría de las clases dan a una arboleda espectacular. El aire es puro y en invierno hace un frío impresionante y llueve mucho así que tendremos que salir un poco antes de casa esos días de mal tiempo.

Toda esta semana el principito continuará con la adaptación. El martes de la semana que viene ya empieza su horario normal y en octubre comienza el comedor. 

Hoy entró contento y salió más contento todavía. 

Parece mentira que mi pequeño bebé comience ya su etapa escolar.


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