Antibióticos.

Esa es la (maldita/bendita) palabra que me ronda desde hace días la cabeza.

El domingo por la tarde comencé con un dolorcillo en la garganta. El lunes era insoportable y el paracetamol no me solucionaba nada. Intenté esperar y ver cómo evolucionaba la cosa pero el padre de las criaturas y mi madre al verme la garganta me dijeron que tenía que ir al médico. Me sorprendió que me lo dijera el padre de las criaturas que evita la visita médica como sea pero… tenía plaquetas de pus (palabra asquerosa dónde las haya). Que mi madre me mande al médico no me sorprende nada en absoluto.

Al médico que nos vamos ya sabiendo que me iba a mandar antibióticos pero ¿estoy embarazada? ¡en el primer trimestre!!!! . ¡¡¡¡Además estoy dando de mamar!!!! ESPANTO.

Me los mandó y me dijo que no me preocupara de nada, que había que frenar la infección y que eran muy suaves y eran los que se mandaban en estos casos pero, no puedo negar que a pesar de estar tomándolos y todo estoy preocupada :(((

Lo más gracioso es que a pesar de comenzar con la medicación la infección avanzó y ocupaba ayer los dos lados de la garganta. Así que por otro lado… si no la hubiera frenado ahora estaría medio muerta del dolor, de la pus y de todo.

Por un lado benditos antibióticos que me han hecho recuperarme (hoy me encuentro muchichísimo mejor), me han quitado el dolor y están combatiendo la infección pero por otro lado… malditos antibióticos que me he tenido que tomar.

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