Nuestro viaje a Valencia ha sido intenso y muy, muy corto. Así que obligatoriamente tendremos que repetir (en breve) 😉

Antes de contar lo bien que nos ha ido es justo señalar que llegamos casi de milagro porque a pesar de llegar con súper tiempo al aeropuerto y facturar con bastante tiempo todavía, caímos sin darnos cuenta en un lapsus temporal mientras nos tomábamos un café  porque…justo cuando habíamos pasado el control nos vino un trabajador de Iberia para saber si íbamos a Valencia.  Sólo faltábamos nosotros (y otro pasajero que al final se quedó en tierra) por embarcar. Nos dijeron que nos estaban esperando con un poquito de paciencia extra porque íbamos con un niño y les daba penita dejarnos en tierra. Nos dijeron que entendían que con un niño todo el trajín del aeropuerto era más complicado. Yo también aluciné en colorines por ser justo ese día nuestro día de suerte y el día de la amabilidad aeroportuaria. 

El vuelo fue muy bueno y sin escalar así que todo iba rodado. Llegamos a Valencia y cuando la azafata abrió la puerta del avión nos dimos cuenta que hacía un calorazo de muerte y encima poniente. Nosotros íbamos más abrigados que veraniegos pero daba igual. Todo estaba bien.

Ese día hicimos por la noche un recorrido por la capi para ver algo de las fallas porque iba a ser el ratito que teníamos para ello. Lo hicimos prácticamente con toda la familia que se portaron desde el minuto 1 como soles. Quedaron enamorados del principito y el principito quedó enamorado de todos ellos. Un lujazo. Ahora el príncipe además de tener un primo favorito tiene también dos primas preferidas ¡menuda suerte!

¡¡Cómo se sorprendia el principito!! Es que Valencia en fallas parece un cuento

Al principito le encantaron las fallas, sobre todo las infantiles. Alucinaba con los colores, las formas y la grandeza de los ninots. Los petardos y tracas le daban exactamente lo mismo porque no tuvo miedo en ningún momento. Esa noche se quedó dormidito en el antiguo cauce del río Turia mientras todos veíamos los castillos. Se portó como un angelito y se lo pasó pipa con sus primas.

Detalle de la falla del Ayuntamiento



Al día siguiente nos fuimos al campo a comer, como no, una paella toda la familia. 

Estaba tan rica… con su alcachofita y todo… Mmmmmmm





Lo mejor de todo, además de la comida, es que el principito cogía las naranjas directamente del campo y le encantaban. Se puso morado a vitamina C. Jugó toooooooooooodo el día con sus primas preferidas y quedó descartado volver a Valencia por la noche para ver más fallas y fiesta porque el principito se quedó profundamente dormido a las 10 de la noche. Y la mamá a las diez y cuarto 😉




Al día siguiente y con las pilas cargadas nos fuimos a ver la última mascletá de las fiestas. Fue llegar, ver el mogollón de gente y el principito comenzar a llorar porque quería mamar. Muy oportuno mi chiqui. En medio de la traca tuve que descamisarme porque se escuchaban más los lloros del principito que la explosión de la pólvora ¡¡¡que pulmones que tiene el jodío!!!



Esa noche disfrutamos, y disfrutó, a tope de la cremá. Definitivamente a mi niño le encantan las fallas y toda la fiesta que la rodea. Alucinaba con el fuego. Se veía tan bonito mirando con su cara embobadito perdido la falla arder… que me lo comí a besos toda la noche.

El día siguiente íbamos a disfrutar de la ciudad más tranquila, íbamos a ver el manto de la virgen y toooodo lo que nos quedó por ver. No vimos nada de nada. La lluvia era tan fuerte que todo quedó en un intento de paseo 🙁

Ya dormí y ya me quité toda la ropa, ahora me queda… leer el periódico ¡Me aburro tanto avión!

Llegaron entonces las despedidas y las añoranzas. Los “tienes que volver pronto” y los “a ver cuándo van a Tenerife que hay una casa esperándoles”. Llegó al día siguiente el viaje de vuelta con escala y con retrasos y llegó la vuelta a casa con un millón de lavadoras por poner y otro millón de cosas por hacer. Pero esa es otra historia, más fea y aburrida


AHHHHH!!! se me olvidaba. Para poner un punto de aventura extra a la vuelta tenemos que contar nuestro pequeño secreto. Al ir facturamos una sola maleta, pero a la vuelta facturamos tres (sí, nos trajimos todo el embutido que pudimos) pues nos pasó lo siguiente ¡madre mía que vergüenza y que risas!!!:


Nos olvidamos de coger una mochila de la cinta transportadora. cogimos las maletas pero nos olvidamos de coger la mochila que facturamos y fue al llegar a casa cuando pregunté:
– ¿¿Dónde está la mochila con toda la ropa sucia??


Corriendo me fui al aeropuerto y allí estaba la pobre. 

La familia despiste tiene una suerte increible :))))





PD: está mal que yo lo diga, bueno no está mal pero algunos pensarán que lo digo desde mi más profunda maternidad pero tengo pruebas 😉 El principito se portó como un sol en los aviones varios que cogió. Yo temía más la vuelta ya que era con estala. Durmió en todo el trayecto Valencia – Madrid así que en el Madrid – Tenerife  sabía que no iba a dormir. Hubo que entretenerle todo el trayecto claro, pero jugaba con todo y lo llevó muy bien. Prueba superada.





5 comentarios

  1. Qué fin de semana tan estupendo! Y si que tuvistéis suerte, sí, justo el día de la amabilidad aeroportuaria, jajajaj.
    Me alegro que el niño se portara genial, así os animáis más a menudo, sabiendo que él lo va a disfrutar.
    Vaya pinta tiene esa paella!! jajaj
    Un besito.

  2. Qué bien! ya se podrán animar a viajar más si saben que se porta como un sol.

    Qué gracioso la mochila de ropa sucia triste y abandonada jajajaja

    Besitos, me alegra que la pasaran tan bien 🙂

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