El otro día leí a través de “Reeducando a mamá” una noticia realmente triste y que me dejó con muy mal sabor de boca desde entonces y con pensamientos e hipótesis de qué hubiera hecho yo si me hubiera pasado a mí.

Y ese runruneo en la cabeza ha sacado a colación una cosa de la que quería hablar hace tiempo.

Ahí va:

Una de las cosas que más me sorprendió cuando nació el principito es que en medio de la euforia, la alegría y la celebración de la vida pura no sé cómo, porque yo estaba en una nube estratosfética, me entero que mi pareja tiene que volver al paritorio al día siguiente para recoger la documentación para inscribir al niño en el registro civil. Ahí quedó la cosa.

Al día siguiente unas cuantas horas antes de que pasaran las 24 horas del parto le dije al papá que bajara que el nene estaba dormidito en mis brazos la mar de plácido. Entonces la familia con la que compartía habitación nos dijo que tenían que pasar 24 horas porque si por x motivo el niño fallecía no se inscribía al bebé. Lo flipé por un segundo, pero volví a ver al principito y me olvidé de esa conversación.

A las 24 horas el papá fue a buscar los papeles y volvió la conversación a mi cabeza pero quedó bloqueada y olvidada. 

Pero no tanto porque es una idea que me viene de vez en cuando a la mente y como mínimo me parece espeluznante. Me parece espeluznate perder a un hijo en el momento de celebración de la vida. Me parece espeluznante,  terrible e injusto. Por un momento me pongo en esa terrible situación y no entiendo por qué en mi libro de familia no debería de aparecer esa personita que se ha marchado justo cuando llegaba.

Si por una desgracia espantosa e inimaginable el principito nos hubiera dejado después de: haberlo parido, tenerlo en mi pecho, cogerlo, besarlo, abrazarlo, verlo, amarlo, olerlo, reconocerlo, sonreirle, ver cómo me mira… todas las cosas que hice con él en sus primeros minutos de vida, no hubiera entendido lo del papel y las 24 horas de espera.

No lo hubiera entendido jamás porque mi hijo sin duda habría llegado al mundo y a nuestra familia, y no hubiera entendido que social o de manera civil o cómo queramos llamarlo, no hubiera existido. Porque aunque hubiera sido por un mísero minuto mi hijo habría llenado con su vida el paritorio entero.

Así que lo de las 24 horas de espera no lo entenderé jamás. Como tampoco entiendo la actitud del paritorio entero de la noticia que enlazo al principio. 

¿¿Estamos locos o qué??


5 comentarios

    1. Hola Armandillo, me alegra mucho que te pases por aquí. dentro de poco no tendrás tiempo para nada, con un tercer y maravilloso bebé a la vista 😉

      ¡felicidades!

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