La operación destete ha dejado ya de ser operación destete porque después de una primera noche regullín, regulán vino una destroyer night y no tengo ánimos para pasar tan males noches pero… es que además ha pasado una cosa maravillosísima: mi hijo está comiendo como un bendito.

El principito llevaba comiendo muy, muy mal desde hacía unas semanas (comía mucho menos de lo que comía habitualmente). Le están saliendo una muela y un colmillo y lo traían frito pero de repente esta semana parece que está comiendo tooooooooooodo lo que no comió en la anterior ¡Que maravilla!! menuda manera de comer. Estoy que trino como un pajarico y es de pura felicidad.

Con toda esta alegría que me traigo me he dado cuenta que mi humor está directamente relacionado con la cantidad de comida que coma el príncipe. Es una regla de tres muy sencilla: si come, estoy contenta; si no come, me pongo refunfuñona. Y es que además gano muchííííííísimo tiempo si el principito quiere comer. en 15 minutitos ya ha comido y estamos tranquilitos teteando o jugando. Tiempo ganado = tiempo de juegos. 

Con esta alegría que me traigo me da igual que se despierte de noche para mamar. Me lo enchufo y seguimos durmiendo. Total, estoy de buen humor y esto hay que aprovecharlo 😉

Estos días estoy muchísimo más relajada, mi hijo lo nota, comerá más relajado también y toda la casa es un gran chill out fabuloso. Lo único que lo estropea es la mosca cojonera del coche. Pero como mi hijo come… esa es ya otra historia 😉

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