Mmmmmm… recuerdo aquellas noches en las que dormía de un tirón por lo menos, por lo menos, 10 horas. Aquellas noches en las que no me despertaba NADA. Ningún ruido era capaz de sacarme de mi sopor maravilloso. Incluso cuando me quedé embarazada esta era una de mis preocupaciones ¿seré capaz de despertame por la noche si el príncipe me necesita? ¿y si no le oigo? ¿y si llora y no me entero y sigo durmiendo tan tranquila?. JA JA JA.

Por supuesto que desde el mismo día que nació lo escucho por las noches, por el día, por la madrugada y por lo que haga falta. Lo más gracioso de todo es que ni siquiera es necesario que llore ya que un mínimo gorjeo me activa. No sé como demonios soy capaz de hacerlo pero lo hago. Aunque esté terriblemente cansada soy capaz de despertarme mil y una veces por la noche. El padre del príncipe definitivamente no tiene este súper poder.

Para mi hijo un reloj y un plato vienen a ser lo mismo 😉

Todo esto viene a colación por el cambio de hora. Que hayan retrasado una hora los relojes esta madrugada por supuesto a mi príncipe le ha dado igual. Esta es la primera vez en la historia de mi vida en la que no he dicho eso de: “que bueno esta noche dormiré una hora más. ” 






He dormido lo mismo, aunque hoy no me puedo quejar porque el príncipe durmió de un tirón desde las doce de la noche a las cuatro de la madrugada. Han sido cuatro horas para mí solita. Mmmmmm que bien que me han sentado. Porque a estas alturas de la maternidad no les voy a engañar: me despierto bastante de madrugada para darle de mamar. Como mínimo y con suerte me “caen” dos veces y una noche mala sinceramente no sé cuantas veces me puedo despertar. A pesar de todo sigo sin salir de mi asombro  porque yo, que antes era incapaz de ser persona sin dormir mis ocho horas, ahora soy una persona activa y responsable de mis actos durmiendo un número de horas bastante más pequeño del decente.


Pero tampoco voy a asustar a alguna futura mamá que aterrice por aquí. Esto de dormir mal no me pasa todas, todas las noches. Hay noches muy buenas y muy malas. Ni más ni menos. Lo que pasa es que mi cuerpo se ha acostumbrado y como digo, dormir ahora 4 horas seguidas para mí … es un sueño súper reparador y maravilloso. 


Volviendo al tema principal: anoche cambiaron la hora y yo me desperté a las cuatro y a las seis para dar de mamar. A las ocho se despertó el príncipe pero con unos golpecitos rítmicos en el culete se quedó friti. A las diez mi pezón salía estratégicamente de mi pijama abotonado y lo pilló. Nos quedamos en la cama hasta las diez y cuarto pero “decidimos” levantarnos. Ahora son las doce y media del mediodía, once y media con el cambio de hora, el príncipe juega en pijama en su parque, yo escribo en pijama en el sofá y el papá duerme en la cama como un lirón.


Todos los días deberían ser domingo ¿verdad?

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