“Ahhhhhhh, ya lo entiendo tu hijo lo que tiene es vicio de teta”
Esta acertadísima frase me la espetó la pediatra del príncipe esta mañana. Frase que fue seguida por un “este niño está enviciado” de la enfermera.
Al final también me tocó a mí la dichosa frasesita…

Imagínense mi cara de cuadro. Yo que creía que tenía una pediatra más o menos comprensiva me encuentro de bruces con esta nueva realidad. Para aderezar y aumentar mi cara de flipe lo que me recomendó es que le diera la teta sólo por la mañana y por la noche (¡!) y toda la que produciera a lo largo del día la congelara (¿?). Aquí ya flipé como un berberecho.
Fui porque la semana pasada le había explicado lo del estreñimiento y su poco (prácticamente nulo) interés  por la alimentación complementaria. Me citó para hoy y le expliqué que de nuevo estuvo estreñido el finde y que no quería probar nada de nada que no fuera pecho. Y que desde que sólo volvió a tomar pecho iba al baño de nuevo muy bien.

Me echó una bronca de las buenas y me dijo que eso no podía ser.

Yo claro que entiendo que el niño tiene que abrirse a nuevos sabores pero definitivamente he visto que no lo puedo forzar porque no obtengo nada de nada. Pues la pediatra me dijo que no, que yo lo que tenía era UN PEQUEÑO TIRANO EN CASA QUE HACÍA CONMIGO LO QUE LE DABA LA GANA. Aquí ya buscaba la cámara oculta porque pensaba que estaba en un programa de bromas televisivas.
Le pregunté entonces que si el niño estaba bajo de peso y yo le sustituía la toma completa por un puré de verduras cómo iba a coger peso si le estaba dando un plato bajo de calorías. Entonces me miró las tetas y me dijo que yo no tendría que tener mucha leche ya porque estaba muy delgada (peso un kilo menos que antes de quedarme embarazada)y que mucho menos mi leche tendría la grasita que necesita para engordar.

En ese momento recogí velas y le dije que sí a todo. Lo peor es que me citó para la semana que viene para ver la evolución.

Ya en casa hablándolo con el papá del príncipe que fue conmigo al pediatra y se mantuvo en posición neutral me dijo que el protocolo ese era muy obsoleto ¡buffffffffff menos mal que me entiende!. Pasamos entonces a seguir con nuestro pan de cada día: que el príncipe descubra y acepte nuevos sabores.

Para almorzar le pusimos en su trona para que comiera con nosotros. Le calenté el potaje que le había hecho y me dijo que me lo comiera yo. Yo en efecto me lo comí porque me daba pena tirarlo y como estoy flacucha todo va para la buchaca. 
Ante la negativa del puré le pusimos en la trona entonces: mandarinas, papaya, uva, carne de pavo troceadita (que era lo que teníamos para comer) y un trocito de lechuga. Jugó con todo y para nuestra sorpresa se comió tres gajos de mandarina, dos uvas y trocitos de carne de pavo (no llegan a los 50 gramos diarios que me dijo la pediatra  que tenía que ingerir pero se los comió a gusto [todo un triunfo]). ¡Ah se me olvidaba! Después de esto le di pecho y se quedó bien a gusto.

Ahora para merendar le daré de nuevo pecho (o la teta me revienta) y le ofreceré una galleta y más mandarina que veo que le gusta. 
Espero que engorde sí o sí para por lo menos evitarme otra escenita como la de esta mañana.


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