Casi casi no me da tiempo de escribir esta pequeña entrada el día del primer día, del día, de mi príncipe. Hoy 21 de septiembre es San Mateo. Hasta hace casi nada ni siquiera sabía qué día era San Mateo. El 21 de septiembre tenía como única cosa especial que daba la entrada al otoño. Ahora hay algo más especial todavía: es el día de San Mateo y mi nene se llama Mateo.
Los ojitos que me han robado el corazón
Yo entiendo que esto no tiene nada de especial para el resto de la humanidad. Entiendo que es especial únicamente para nosotros pero… como es especial para nosotros lo cuento 😉
Y no crean ustedes que hacemos algo fuera de lo común para celebrarlo. Para nada. Lo único que hemos hecho es besuquear más si cabe al príncipe con la excusa de que es su santo. El estaba aburrido ya de tanto beso.
El año pasado ya era especialillo porque Mateo estaba en mi barriga y por aquel entonces tenía nombre decidido/decididísimo. Mateo para arriba, Mateo para abajo. Ya pensaba eso de “el año que viene por estas alturas Mateo estará dando guerra, casi tendrá 10 meses ¿cómo será?”. Pues es muy guapo y muy bueno y da guerra a mogollón. Y bien a gusto que estamos todos con que lo haga. Yo ando más feliz que una perdiz.
¿Lo más gracioso de todo? Que hace más de un año cuando me enteré que era nene y nos pusimos a buscar nombre lo primero que dije fue: “No sé que nombre le pondremos pero no quiero un nombre bíblico” Esa fue la primera afirmación categórica que pronuncié como una sentencia inamobible a lo largo de mi embarazo y después me he comido con papita cada una de sus palabras. La maternidad es lo que tiene. Te enseña que no hay nada escrito y que te queda mucho por aprender y descubrir.

Pues eso, que hoy es San Mateo y mi nene se llama Mateo.
Feliz San Mateo a todos


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