Buffffffffffffff menuda semanita que hemos pasado en casa por culpa de la dentición del príncipe. Por supuesto sobra decir que el que peor lo ha pasado es el chiquitín. El pobrecillo no ha parado de quejarse y es que no era para menos: le brotaban de la boca las dos paletilla superiores a la vez.

Cada noche era un pequeño tormento. El príncipe se acostaba pero la verdad es que no descansaba… no paraba de quejarse en toda la noche. Ni que decir tiene que el angelito dormía después a lo largo del día, la zombi de ultratumba era yo. 
Pero por fin ayer las dos paletillas despuntaban de su linda encía pelada. Hoy ha tomado carrerilla la paleta derecha y ya asoma, muy resultona ella, en la boca del principito. Imagino que ahora le dolerá menos porque anoche durmió muchísimo mejor ¡cuatro horas seguidas! (que para mí han sido gloria bendita). El documento gráfico que acompañe a la entrada ha sido de nuevo inviable: a ver quién es el guapo que se anima a sacarle una fotografía a mi niño con la boca abierta sin que peligre: A) Mis gafas B) Mi propia cabellera C) Mis pendientes D) Cualquier otra cosa que se encuentre en un radio de 2 metros de distancia.
Pero como digo la noche pinta mucho más tranquila. Con optimismo se vive mucho mejor y es que una ya está casi de vuelta cuando han pasado seis noches seguidas en las que habrá dormido en total 10 horas. Sí señoras y señores se puede mantener la vida humana bajo un descanso nocturno pésimo a lo largo de 7 días casi eternos. No me he muerto, y eso que yo antes de quedar encinta pensaba que una mala noche era no dormir del tirón 8 horas. JAJAJAJAJAJAJAJA. Me río yo de ello ahora. 

No lo iba a poner pero o lo pongo o reviento: El príncipe está taaaaaaaaaaaaaaaaan guapo con sus tres dientecillos. Parece un angelito y cuando se ríe es una pura preciosidad.

Jesús que ancha me he quedado


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