En  esta entrada anterior les decía que el príncipe quería animarse a gatear. Pues ya no es que se anime, es que ahora ya no hay quien le pare. Gatear tal cual aparece en las fotitos de los anuncios pues la verdad es que no lo hace, el príncipe ha decidido comenzar su andadura movil por el mundo arrastrándose como una culebrilla. Los primeros días iba tímido y despacito pero ahora es el rayo que no se ve ¡menuda velocidad que ha tomado el chiquitín! Ya no hay quien le pare. Lo más gracioso es que si ahora está aquí, ahora y un segundo después está en la otra punta.
Como ven, el príncipe es capaz de meterse en cualquier sitio ¿no es una monada?
Nos hemos dado cuenta de que tenemos en nuestro particular palacio a un curiosete de cuidado. No se le escapa nada y quiere por supuesto, enterarse de todito-todo lo que pasa a su alrededor. ¿escucha un ruido? Alla va “culebreando”, ¿pasa la perra? Ahí va y le sigue también culebreando… todo el día está desplazándose por su nuevo mundo, que es nada más y nada menos el salón de nuestra casa. La verdad es que nos hemos dado cuenta que se avecina una época de cambios porque el príncipe adora los cables… hemos descubierto que es muy felíz jugando con los cables del ordenador, de los ventiladores y un largo etcétera (menudo peligro). Nuestra solución ha sido subir todo aquello “peligroso” a una altura de un metro para que no tengamos ningún problema. Lo que ve, lo quiere coger y llevárselo a la boca y no podemos estar a cada segundo atentos a sus mini trastadas, de ahí que todo pase a un nivel superior. También estoy pendiente de comprar los elementos de seguridad para las gavetas porque ya es capaz de abrirlas, meter sus deditos en ellas y después pillárselos. Así que más nos vale prevenir.

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