El principe no para de crecer. Es un hecho innegable y natural. Como todos los niños, cada día que pasa deja de ser un poquito más aquel bebé recién nacido que me pusieron sobre el pecho nada más venir al mundo.
Naturalmente yo estoy encantada y feliz de que mi niño sea un niño, sano que come y duerme bien, y que gracias a dios no se me ha puesto malito hasta el día de hoy. Pero no puedo negar que cada vez que tengo que guardar una prenda de ropa porque ya no le queda. me da una penita enorme el pensar que mi pequeño príncipe ya no se la volverá a poner y que en un abrir y cerrar de ojos dejará de ser el bebé que es ahora. para convertirse en un nene mayor. La verdad es que crecen en dos suspiros.

En un solo día miren la cantidad de ropa para guardar… hasta la próxima vez

Y si a mí el tiempo se me va volando me imagino que para las mamás que han tenido que volver al trabajo después del permiso de maternidad ha tenido que ser un horror incomparable. 
La verdad es que yo he tenido, bueno en casa hemos tenido, una suerte muy grande: tanto el papá del príncipe como yo hemos disfrutado cada uno de los instantes de la vida de nuestro pequeño. Yo dejé de trabajar con 5 meses de embarazo y ahora me he reincorporado al mundo laboral pero de forma muy tranquilita, con un horario muy flexible y llevadero. Ni que decir tiene que esto lo puedo hacer porque tenemos una empresa familiar y porque además tengo la suerte de poder llevarme al príncipe al trabajo. Todo esto me ha facilitado enormemente poder seguir dando pecho al nene… sigue pegadito a mí y si tiene hambre puedo darle de comer sin problemas.
Como comento al principio de esta entrada guardar ropita me pone un pelín melancólica y hoy he guardado un montón. Hay que ver que de una semana para otra pueden peder muchísima ropa y si me descuido y dejo de ponerle una prenda un par de semanas… cuando la cojo del armario me doy cuenta que ya es demasiado tarde y que ya no le queda. He de confesar que hay prendas que nunca se las llegué a poner porque al principio le quedaban grandes y cuando pensé que era el momento ideal, ya se le habían quedado pequeñas. 
A pesar de esta penilla que me entra por hacer limpia en el armario y quitar las prendas pequeñas también me da mucha ilusión en pensar cómo será mi príncipe cuando cumpla su primer año por ejemplo, cuando comience a hablar o cuando dé sus primeros pasitos. Nos quedan muchísimos momentos por vivir y disfrutar. Eso sí, nadie me quita en mi corazoncito la añoranza de ese bebé tan pequeñito que no volverá a ser nunca más. Crecen tan, tan rápido y son bebés recién nacidos tan poco tiempo que parece que me faltaron días para disfrutar de esos momentos tan únicos y especiales.

¿A ustedes les pasa los mismo? 
¿Sienten que los primeros meses han pasado en un abrir y cerrar de ojos?




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