Hoy no quiero hablar del príncipe. Hoy voy a hablar de la princesa, o de la bruja de la manzana, o sea: hoy toca hablar de mí.

Bueno… vale… no era como la chica de la imagen pero es para hacernos una idea
Yo era hasta hace muy poco una chica presumida que de verdad era incapaz de salir de su casa sin el colorete puesto. Si me veía mala cara me maquillaba y santas pascuas. Siempre iba arreglada pero informal y con mi melena al viento con sus rizos perfectos y ensortijados.

Adios colorete, adios.
Esa era yo, porque la verdad es que hace tiempo (siete meses) que no hago (ni soy) mucho de lo anteriormente dicho. Ahora la falta de sueño la verdad, se nota en mi cara. Sí señores, tengo ojeras. Unas ojeras que cuesta quitar (cuando me las quito). El colorete también me ha abandonado porque la mitad de las veces ni lo encuentro ya que en el mega bolso de cosas del príncipe encuentras cualquier cosa primero que el dichoso colorete. Así que me he convertido sin darme cuenta en una chica que la gran mayoría de las veces sale de su casa con a cara lavada. Y encima llega tarde a casi todos los sitios a los que tiene que ir.

Quizá ella esté más peinadita que yo normalmente
El pelo es una historia o un post aparte porque sinceramente no lo entiendo. Los rizos ensortijados se han revelado y ahora hacen lo que les da la gana. Cierto es que no los cuido como antes y que ponerme mascarillas ya no es mi punto fuerte pero de eso a comportarse como se comportan… va un trecho.

Eso sí. No he caído en la tentación del chandal: prácticamente visto como antes de tener al príncipe pero he de reconocer que el tiempo que me dedico a mí misma se ha visto reducido a la mínima expresión.
Me niego en rotundo

Tampoco es que vaya por ahí con las bragas de la abuelaca y las canas sin tintar, hombre no es eso, pero sí que he dejado de hacer todos aquellos fantásticos rituales de belleza a los que me tenía acostumbrada.

Lo más curioso, o preocupante según se mire, es que todas estas cuestiones han dejado de preocuparme lo más mínimo. Si estoy guapa bien, y si no lo estoy, un poquito menos bien… pero tampoco me amargo… o empeño en solucionarlo como lo hacía antes.

¿Les ha pasado lo mismo cuando han tenido un bebé en casa?

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