Nuestro principe poco a poco quiere descubrir mundo y se está animando a eso de gatear. Le cuesta un poco la verdad, bueno le cuesta bastante-bastante porque hasta día de hoy no se desplaza mucho por el sitio. Lo que hace es reptar sobre su barriguita y poco a poquito avanza unos centímetros. Lo que sí tiene completamente dominado es la cuestión de dar vueltas sobre sí mismo.
Lo pongo en su gimnasio de actividades y en cuanto me doy la vuelta lo veo en la otra punta del salón, con cara de súper felicidad. El desplazamiento por el espacio lo ha hecho en un abrir y cerrar de ojos dando vueltas. No entiendo cómo lo uede hacer tan, tan rápido sin hacerse daño. Realmente va a ser verdad que los niños son de goma.

Poquito a poco el nene va cogiendo autonomía y una cosa que me tiene medio preocupada es que tenemos una perrita que no sé como lo hace pero sólo con mirarla suelta una de pelos que debería de haberse quedado completamente calva hace como tres años pero ahí sigue la campeona… con una melena reluciente a la par de debilicha. 
Hasta hace muy poquito era la reina de la casa pero la verdad es que ahora se ha visto un poco desplazada

La cuestión es que no puedo estar todo el día barriendo y fregando porque hay otras muchas cosas que hacer. A veces lo que hago es no dejar entrar al animalito en casa pero la verdad es que al príncipe le hace tan felíz su presencia que cuando no anda revoloteando por la zona se pone a buscarla y cuando aparece la sonrisa en su cara es de par en par.
La familia dice que deje de obsesionarme con la limpieza de la casa que el niño debe inmunizarse y que andar todo el día con el mocho no va a aportar ninguna solución. También me dicen que no es el primer niño que convive con una mascota y que el problema realmente lo tengo yo y no el niño o la perra.

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