Cinco de la tarde.  Llegas del colegio con tu retoño y se rasca la cabeza.
 
Instintivamente vas a mirar por qué se rasca mientras tu subconsciente dice: tranquila baby es IMPOSIBLE que tenga piojos, estás haciendo el típico gesto que hacen todas las madres. Yeahhhh eres una madre guay.
 
¡HORRORRRRRRRRRRRRRR y gran error!
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