Without Mobile

Categorías Sin categoría0 comentarios
No tengo teléfono móvil. No lo tengo desde hace más de dos semanas desde que se rompió otra vez la pantalla. Esta vez fue la pequebella.

Me he acostumbrado a no estar completamente localizada a lo largo del día. Me he acostumbrado yo y los que en teoría me llaman. Ahora soy súper cool y la gente llama a mi casa para ver si estoy. He vuelto a los ochenta como una valiente, sin paños calientes ni nada. He redescubierto que el teléfono fijo existe y le he tomado cariño. Estoy por sacar el uniforme del cole en un ataque vintage sin precedentes. O eso, o ponerme hombreras.

Me he acostumbrado a no tener móvil pero a lo que no me he acostumbrado es a no tener cámara fotográfica conmigo, encima de mí, pegada a mis dedos, las veinticuatro horas. Siento que cada día pierdo un millón de fotos alucinantes y momentos mágicos de mis niños. Momentos irrepetibles que se han quedado sin imagen gráfica que los recuerde.

Sí, estoy con el mono. Lo sé. 

Ustedes no saben lo que es ver a la pequebella subida en el silloncito de su hermanito como si fuera una intelectual mientras se come una cera de color verde y se saca un moquete a la vez. Ver eso y no poder fotografiarlo. Que impotencia madre, que impotencia. 


A estas alturas de mi desconexión digital yo me pregunto dónde estarán las dos cámaras de fotos que había en casa. 






¡No te olvides de dejar tu comentario!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.