La “mosntrua” de la mascarilla

Hoy le he dado al principe un susto de los buenos.
 
Me levanté esta mañana como todos los días: despeinada, ojerosa y con el glamour más abajo de los tobillos. Como estuve frente al espejo más de 0,25 segundos después de lavarme la cara me di cuenta de que tenía la piel del rostro bastante seca. Recordé que tenía una mascarilla nueva  que todavía no había estrenado así que fui a buscarla para ponérmela.

 
El príncipe estaba en el parque tranquilito jugando. Tenía tiempo para empotingarme ¡genial! Sí, ya sé que esto es mejor hacerlo por la noche, pero me cuesta bastante encontrar un hueco para mimos varios así que cuando encuentro uno no lo suelo.
 
La mascarilla, que resultó ser espectacularmente buena, es de arcilla roja con aceites esenciales de romero y blablablabla. Bueno al grano: me la pongo cuidadosamente por toda la cara evitando el contorno de los ojos y la dejo actuar cinco minutos.
 
Me olvido por completo que la tengo puesta
 
Estoy en casa recogiendo trastos, fregando los cacharros del desayuno y haciendo tres o cuatro cosas más a la vez. En una de estas paso al lado del principito y le tiro un beso volado. Me mira con cara de FLIPAO. Sí, sí, flipao total en plan “que c*** le pasa a mi madre ¿Quién es esta mujer tan horripilante”. Después de ese pensamiento tan espantoso para un bebé de once meses hace un puchero enoooooorme y comienza a llorar.
 
Yo me quedo como estupefacta porque no entiendo porqué mi chiqui llora al verme. BIP-BIP-BIP-BIP ALARMA ¿Por qué tengo la cara tirante?, ¡La mascarilla!, voy al espejo del aseo y me encuentro con una extraña: mi cara es como si se hubiera ido a vivir a una cabina de rayos uva. La mascarilla por supuesto se había secado (hacía bastante rato) y estaba entre un color marrón y naranja. Era un verdadero cuadro y daba grima verme. 
 
Me lavé la cara corriendo y comprobé la verdad que tenía la piel estupenda (momento de coquetería mañanero irrepetible). El principe al verme de nuevo sin ser una mostrua come niños se alegró un montón, “ha vuelto mi mamá” pensaría la criaturita de mis ojos.
 
Esto me sirve para sacar a colación tres cosas.
 
La primera: mi memoria después de tener al príncipe es bastante peor que antes de tenerlo. Se me olvidan muchísimas cosas (que no estén relacionadas con el principito) y me cuesta bastante retener información que no esté relacionada con mi hijo. 
 
La segunda: la educación que recibí de pequeña en el cole de monjas ha tenido su efecto. Pensé en poner una foto de mi cara hecha un cuadro para ilustrar la entrada (no me reconocería ni mi madre) pero me di cuenta de que perdería todo el decoro para el resto de los días. Así que por una vez me quedo sin hacer el ridículo total 😉
 
La tercera: tengo una estrellita que me protege porque estuve a punto de salir a la terraza a recoger la ropa seca. Si algún vecino me hubiera visto así me hubiera tenido que mudar.

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4 Comment

  1. Tu Madre says: Responder

    Bruja…. Te faltó la escoba.
    Asustaste a mi niño.

  2. Definitivamente madre no hay más que una

  3. Jajaja, pobre criatura, el susto que le diste!!
    Seguro que te ha quedado una piel estupendísima!
    Besitos.

  4. Pues sí. La verdad es que lo dejé de piedra 😉

    Saludos

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